Zonazine (Festival de Cine de Málaga) – ‘Júlia Ist’: Elena Martín y cómo construir una vida en miniatura
marzo 25, 2017  /  Por:   /  cine/series, crónicas/reseñas  /  No Comment

Tras la proyección de Júlia Ist, un productor mejicano pide la palabra para intervenir en la rueda de prensa (coloquio en el caso de Zonazine), y dice, que esta película es mejor incluso que otras que ha visto en la sección oficial (bienvenido, compadre). Luego, pregunta al productor de la película cómo es posible sacar adelante una ópera prima en España, porque en su país es muy complicado. El productor de Júlia Ist hace una exposición muy interesante en la que explica que este caso es aislado, porque se han dado una serie de circunstancias que han hecho posible que la película salga. Habla humildemente y comenta que hay muchos proyectos que se quedan a medias después de años, a pesar del esfuerzo y las ganas. Respecto a la financiación, insinúa, entre otras cosas, que todo ha sido posible debido a que los jóvenes y sus familias han puesto la mitad del dinero. Añade que son recién licenciados que tienen muy claro lo que quieren, que lo toman como una inversión, y que hacen una película en lugar de meterse en una hipoteca.

Es cierto que el dinero, las oportunidades (como estudiar en la Pompeu Fabra) y otras circunstancias (como tener tutores que se dedican en activo al cine o seguir la estela de Las amigas de Ágata), son importantes, pero nada de ello sirve si no hay talento. Sin talento, lo demás se queda en nada. Es por eso que Júlia Ist supera en calidad a muchas películas de la sección oficial. Porque transmite vida y humanidad, eso tan raro llamado “arte” y que está totalmente ausente en otras producciones que fracasan a pesar del dinero, el esfuerzo y las oportunidades.

Júlia ist no pierde el norte, aunque su protagonista ande por Berlín desorientada. Y esto se nota en la frescura de los planos y en los gestos despreocupados de los actores, quienes caminan y conversan y se enfadan colmados de autenticidad. La sinopsis dice que Júlia se va de Erasmus y nada es como pensaba, ni siquiera el encuentro con ella misma. Y a través de los pasos inseguros de Júlia en un país extranjero, vemos las huellas de una generación que se pierde (no perdida) en la continua necesidad de adaptarse para acabar siempre igual. Con la sensación de no avanzar y la imposibilidad de construir un futuro a escala real, Júlia hace lo que puede por encajar en una vida que se le ha quedado pequeña.

Hablamos con Elena Martín, directora y cabeza visible de Júlia Ist, una película guionizada y sufrida junto a Maria Castellvi, Marta Cruañas y Pol Rebaque.

Al ver la película me he acordado de Lena Dunham, ¿Qué referentes te han inspirado?

A nivel de contenido, algo en la estética de Mia Hansen-Løve, hay mucho de “Un amor de juventud”, también de “Eden” y esta última de “El porvenir”. Luego, claro, Lena Dunham también es totalmente un referente, quizá no tanto en el código, pero sí en la forma en que deja que sus personajes metan la pata y cómo esos personajes con sus contradicciones a menudo son egoístas… Compartimos una generación, una mujer a los 24 intentando encontrar su lugar, sí que tiene mucho que ver. Luego, a nivel interpretativo, salvando las distancias… nunca me compararía, pero sí que me gusta mucho, me gusta inspirarme en Greta Gerwig…

Precisamente, cuando vi Las amigas de Ágata me recordaste a ella.

Es brutal esta mujer, y es muy guay… lo viva que está delante de la cámara, es muy sucia, patosa, pero la quieres mirar todo el rato. Frances Ha también es una chica que está lidiando con el hecho de que debería ser más madura de lo que es… que también le pasa al personaje de Júlia. Y Las amigas de Ágata también ha sido una película que nos ha abierto las puertas y de alguna forma ellas también son referentes.

Creía que Las Amigas de Ágata se hizo antes que Júlia Ist, pero al comentar que también es un proyecto final de carrera no sé si fueron las dos en paralelo… O si la primera os ha dado el empujón.

Ellas eran de un curso superior a nosotros, hicieron la película un año antes, pero entonces yo ya había vuelto de Berlín y habíamos decidido que haríamos este proyecto. No habíamos empezado aún a desarrollarlo, pero estaba en mente. Sabíamos que queríamos hacer un largo y que iba a ser sobre este tema. Pero el hecho de que ellas lo hayan llevado hasta el final, de la forma en que lo han hecho, sí que ha sido determinante. También hubo mucha prensa alrededor de Las amigas de Ágata, tuvo muy buena acogida y eso también da un poco de legitimidad a proyectos como este para que luego puedan seguir un recorrido parecido.

Has dicho en la rueda de prensa que en un principio no ibas a ser tú la protagonista, y que te has sentido muy rara viéndote todo el rato durante el montaje. Esta es la típica pregunta, pero ya que lo has comentado, ¿cómo te has sentido al rodar escenas de sexo que, además, en un principio no eran para ti?

Creo que está bien que pensara que al principio no lo iba a hacer yo, porque escribimos las escenas que a mí me apetecían. Aquí también era una referencia a Girls, de Lena Dunham, donde las escenas de sexo se cuentan tal cual son. Queríamos contar ese momento que no es mágico la primera vez que te acuestas con alguien que no conoces de nada, esa escena interminable de quitarse toda la ropa, y las capas, y las medias… tenía muchas ganas de que esto se explicara así. Y si hubiera sabido que lo iba a hacer yo… Igual hubiera tenido pudor. Luego, en el momento de rodarlo han sido las escenas que menos he disfrutado de la película, no por nada, porque había mucha complicidad con el actor y éramos un equipo muy reducido, pero es un momento que no lo puedes vivir de verdad y es muy técnico. En las demás escenas hemos jugado a que no hubiera muchas marcas, que pudiéramos ir por ahí y que la cámara nos siguiera, y en esta hay poca interpretación y libertad. Vas a buscar la imagen que necesitas para el guion, pero son las más duras.

¿Por qué Júlia es arquitecta y no alguien con un perfil artístico o relacionado con la cultura?

Fue porque queríamos alejar un poco al personaje de nosotros, porque nos apetecía escribir con más libertad y ya había mucho de autobiográfico y queríamos tener un punto de fantasía que nos permitiera desarrollarlo fácilmente. Y Marta, la productora, propuso que fuera arquitecta. Y yo también tenía ganas de interpretar a una arquitecta. Mis padres son arquitectos, mi hermano es arquitecto… Es casi una profesión frustrada para mí (no), pero sí que me interesa mucho. Estamos hablando de cómo construirse una vida y las escenas de arquitectura nos pueden servir de metáfora en las discusiones, a nivel de guion, como contenido de la segunda lectura de la película. Y aparte Berlín arquitectónicamente es muy interesante, y teníamos ganas de grabarlo.

La protagonista de Un amor de juventud

¡Es arquitecta! Sí…

**(La última pregunta habla del final y, por tanto, contiene spoilers)

Me ha parecido muy interesante la elipsis del final, cuando están en el punto álgido de una fiesta en Berlín, y en la escena siguiente Júlia aparece en su cama. Creemos que está de resaca, pero abre la persiana y el espectador descubre que es otro día más después de su vuelta a casa… ¿Cómo de importante era para vosotros derribar un poco el mito del Erasmus y reflejar esas partes más difíciles?

Era importante todo, también hay una parte de fascinación por la ciudad y por la gente que vive allí. Esa es la parte más bonita, aunque pase por momentos duros. Es muy satisfactorio, por ejemplo, en la relación con los chicos, cómo ella aprende a dejar de depender y que pase ese verano rodeado de sus amigas, liberadas, sin esa dependencia masculina… Los golpes sirven para llegar a un punto de satisfacción. Pero desde el principio estábamos orientados a explicar esa vuelta. Mucha gente nos decía, cuando estábamos montando, que el final en Berlín era muy guay, que teníamos que dejarlo ahí. Pero no podía ser, porque lo importante era que volviese. Lo importante no era que está en Berlín mal y consigue estar bien, sino que vuelve al inicio pero con esa carga. Lo que queríamos explicar desde el principio era esta historia cíclica de que lo que aprende Júlia no es algo definitivo ni absoluto. Lo que aprende ella es a afrontar los cambios, no a descubrir quién es. Cuando vuelve a casa se encuentra otra vez perdida. Es importante que ella vuelva, porque el Erasmus se trata de eso, es un simulacro.

Sobre el autor:

Licenciada en aquello, actualmente estudiando lo otro. I speak a little English. Amor al arte.
@lauracarneros

Deja un comentario