Zonazine (Festival de Cine de Málaga) – Hablamos con Alejo Levis, director de “No quiero perderte nunca”
Marzo 19, 2017  /  Por:   /  cine/series, entrevistas  /  No Comment

Paula quiere comenzar una vida nueva en un lugar viejo: se traslada a la antigua casa de sus padres, con su novia. Ha decidido centrarse y dedicar su tiempo a crear música. Sin embargo, no está muy convencida, hay algo que le impide avanzar. Está perdida en un punto oscuro donde convergen el miedo al pasado y el vértigo al futuro. No quiero perderte nunca habla sobre lo que tenemos ahora y no queremos perder mañana, pero también sobre lo que perdimos y no queremos olvidar definitivamente.

Alejo Levis presenta en la sección Zonazine su segundo largometraje, una película sobre la desorientación y el miedo existencial, una propuesta cercana al surrealismo que reúne elementos formales propios del cine experimental y de autor.

Laura Carneros: Tú mismo defines tu película como una película de terror, y sin embargo, el miedo al que se enfrenta Paula, el personaje principal, ni siquiera podría definirse como terror psicológico. Creo que lo interesante de “No quiero perderte nunca” es la manera de abordar la angustia, el miedo a sentir que somos efímeros y a la pérdida absoluta. ¿Cómo te planteas en un principio la idea, el plasmar este sentimiento tan universal y complicado?

Alejo Levis: Creo que todos estos temas son lo suficientemente complejos como para tratarlos desde la poética, desde algo sugerente y más abierto. Para eso utilizo símbolos y metáforas visuales… y en ese caso esa sensación de miedo al vacío, a la pérdida, lo concreté con la idea de la pérdida en una casa, que es algo muy claro para hablar de temas muy complejos desde algo muy tangible y muy cotidiano, como puede ser el miedo a perderte en tu propia casa. A través de ese viaje por un espacio cotidiano, la película acaba hablando de un viaje mental del personaje. Es un drama, pero la estructura puramente formal, sí tiene elementos que para mí posibilitaban hablar del miedo desde el género del miedo, a pesar de que no sea una película de terror.

Creo que tomas muchos elementos del teatro, y esto te ayuda a conseguir una puesta de escena más poética y sutil, como comentas, donde el subconsciente y lo onírico toman el protagonismo. ¿Por qué decides apostar por hacer una película de autor en lugar de una pieza de teatro?

El cine para mí es el lenguaje perfecto para envolver al espectador, el medio más atmosférico, más sensorial quizá. De forma natural pensé en un guion de peli, porque más allá de lo puramente visual, la película no tiene demasiados diálogos, y el sonido es muy importante también. La creación de una atmósfera y de crear un mundo interior y subjetivo es algo que te permite el cine, de alguna forma. En teatro es bastante más complejo, y quizá tendría que apoyar la historia más en la palabra u otros elementos. Creo que es el medio más adecuado para tratar este tipo de cosas, o al menos trabajar desde una perspectiva más sensorial.

El sonido es una parte fundamental de la película, ya que es muy experimental y ayuda a crear esa atmósfera que comentas. ¿Es lo que más te ha preocupado encontrar y definir?

Cuando escribo el guion ya hay muchas notas y descripción del espacio sonoro, en este caso hay un personaje que habla siempre en voz en off, que guía al personaje principal en su búsqueda a través de golpes que suenan por la casa. El recorrido lo marcan los sonidos, y hay cosas que se explican puramente con el sonido. Entonces pasan a ser parte importante de la narración, no son puramente para decorar o marcar el ritmo.

Para mí, imagen y sonido van de la mano, no es que trabaje primero una cosa y luego otra, por separado. Cuando monto estoy diseñando el sonido, probando músicas, y no termino de cerrar secuencias montadas hasta que no me convence la música. Es un proceso muy en paralelo y muy disfrutable, por lo que cambia lo que estás expresando según los matices que le das a la música.

Algo que me llamó la atención de los créditos es que la película está escrita, dirigida y montada por ti, como si fuera algo fundamental y quisieras dejarlo claro, ¿es porque consideras muy importante el montaje o no has tenido a nadie que te ayudara?

(Risas) Hay una parte de todo, no tengo presupuesto y no puedo pagar a un montador, es verdad. Pero también he sido montador previamente e incluso sigo montando trabajos publicitarios; no me es difícil porque ya tengo clara la peli y sé más o menos las tomas buenas, así tengo mayor control del proceso para redondearlo. Al ser un trabajo tan pequeño o artesanal… el control es mayor.

Es interesante lo que comentó ayer Aida Oset quien pone la voz a la madre de Paula en la rueda de prensa: el hecho de que no escoges una voz de persona anciana para un personaje que se supone mayor. En un principio resulta desconcertante, y sin embargo, le otorga dignidad a ese personaje, además de restarle gravedad a la muerte. ¿Por qué decides que sea ella, una voz joven?

Cuando lo escribí ya tenía la idea clarísima de que la madre, si hablaba o salía, tenía que ser en su máximo esplendor, como una mujer que vale la pena recordar, en su plenitud. Por eso fue así, me gustaba la idea de que ella viviera esta experiencia a la edad en que vemos a la madre. Esa proximidad de edad no fue una idea a posteriori, en guion ya estaba pensado.

Noté en la película momentos de más relajación, no sé si eran buscados por ti, por ejemplo, cuando ella dice…

“Se me ha ido la olla”.

¡Eso! Es justamente esa frase, la tengo aquí apuntada…

(Risas) Sí, sí, es una frase demoledora que la gente no se espera. Está buscado.

Yo no me reí en ese momento, pero notas que es algo absurdo, que quizá está hecho para romper.

Quería que el personaje en ese punto se acercara al espectador, como si en ese punto tomara conciencia… Es un momento en el que ha salido y ve las cosas desde fuera. También hay otros momentos…

Cuando cantan “al pasar la barca” o un villancico…

Sí, mientras la otra está en un agujero negro… Sí, no pega ni con cola. Lo de las canciones fue con la actriz, de decirle: ¡canta, canta! Y fue lo primero que se le ocurrió. Se trataba de cantar algo, no tenía que ser bonito o que tuviera una metáfora… Realmente el contraste tiene un punto cómico.

Por curiosidad, las cartas que enviaba la madre de Paula, los ritos funerarios…  ¿son de invención propia o los buscaste en algún sitio?

(Risas) No, no existe, me he inventado una tribu, unos ritos, unas cosas… Es más como un acto mágico o chamánico, cosas del tipo de Jodorowsky, la psicomagia… Lo jugué así porque me gustaba la idea de que la madre tuviera este aire aventurero, como alguien idealizado que está por el mundo.  Me gustaba este contraste exótico con la sobriedad de la peli. Sí es verdad que las cartas tienen algo de real, me he basado en aspectos de la relación con mi padre, pero son también absolutamente inventadas.

A través de esto que propones, que es como un exorcismo, parece que das también el antídoto a la oscuridad profunda que puede verse representada en la película. Cuando alternas con escenas muy luminosas y cargadas de armonía dejas abierta una esperanza.

Para mí la intención es que fuera liberador, es un final feliz de alguna forma: ella busca algo y lo consigue. Para mí es algo luminoso, poder ver al personaje sonreír cuando lo hemos visto en esta oscuridad tan pesada, y el contraste creo que era necesario.

Sobre el autor:

Licenciada en aquello, actualmente estudiando lo otro. I speak a little English. Amor al arte.
@lauracarneros

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