Ilustre ignorante, Pepe Colubi: “OT es un ejemplo de que algo ha fallado en la relación entre público y rock”
septiembre 11, 2018  /  Por:   /  entrevistas, espectáculos, música  /  No Comment

Después de un verano sin los programas de humor de cabecera amenizando nuestras noches, Movistar (beso en la solapa) arranca por fin el nuevo curso y, con ello, vuelven a nuestras casas las ocurrencias de los ilustres más ignorantes, Broncano, Andreu, Berto y compañía…”¡Ya era hora!”, que diría Quequé. A principios de julio, y con el mono de la “commedia” muy lejos de su fase de remisión, me senté una tarde a hablar por teléfono con Pepe Colubi, miembro indispensable de la tríada Ilustre, sobre música (mucha y de la buena), su faceta como Dj, Operación Triunfo y los tabúes del sexo.

Foto: Jesús Aparicio

Para contextualizar un poco… en entrevistas tuyas, y en Wikipedia, te definen como periodista, escritor, humorista, guionista, experto en tele… “Sin ser tú nada de eso”, como no te has cansado de repetir… En otra entrevista, cuando te preguntaban qué era la libertad para ti, comentabas que era “Estar a gusto con lo que haces, con lo que sientes y con lo que eres”. ¿Podemos decir entonces que Pepe Colubi lo que es es un hombre libre?

Pues respecto a esa definición, sí. Soy consciente de la suerte que supone dedicarse a algo que te gusta, y todo lo que estoy haciendo ahora mismo lo puedo defender ante un jurado celestial. No me causa ni estrés ni ansiedad ni remordimiento, sino todo lo contrario. Así que con toda la libertad y la autonomía que da ser freelance y autónomo, sí, lo soy.

Dices que todos estos trabajos y lo que has conseguido te ha llegado de casualidad. ¿Cómo empiezas a pinchar discos? ¿Por qué te decides por el reggae?

Siempre he tenido una relación muy intensa con la música, como oyente y consumidor. De pequeño, me recuerdo muy permeable a lo que sonaba a mi alrededor. Lo típico que tienes amigos, primos, familiares… que escuchan música en tu entorno y, sin darte cuenta, te va calando. Yo creo que aficionado a la música primero se nace y luego se va haciendo.

Recuerdo perfectamente cómo con unos 12 o 13 años compré mi primer disco, una cinta cassette dada mi provecta edad… Todavía vivía aquel formato. Fue el LP en directo de Bob Marley, simplemente porque lo había escuchado aquel verano en casa de unos primos y me vi tarareando un par de canciones. Y, a partir de ahí, como consumidor me metí de lleno a comprar vinilos. Además, también de una manera bastante casual, empecé a trabajar en radio con 18 años, en Los40 Principales de Asturias, y eso también me dio más acceso. Luego, de forma natural, llegó lo de pinchar.

Pinchaba como dos vertientes musicales: por un lado, brasileño, y, por otro, reggae. Lo hice simplemente porque eran músicas que, sin ningún tipo de orientación precisa por parte de nadie, captaron mi atención. Últimamente he ido pinchando más habitualmente, pero siempre ha sido una cosa esporádica. Ahora me he especializado más en reggae, quizás con el único añadido de que pincho en vinilo. Todos los discos que pongo son álbumes que he ido adquiriendo en los 80 y en los 90, antes de que llegara el formato CD.

¿Qué discos recomiendas a alguien que quiera acercarse al género, pero no tenga mucha idea?

Hombre, desde fuera el reggae es una etiqueta bastante homogénea, pero luego hay muchos estilos. Yo siempre me centro en tres muy concretos: el roots, el lovers y el dub. Hay otros estilos como el dancehall o el rocksteady que no trabajo tanto, simplemente por una cuestión de afinidad, aunque me gustan, pero me interesan menos para pinchar. Siempre lo digo: incluso si hay gente en el bar, cuando pincho, quien mejor se lo pasa soy yo. Disfruto muchísimo esas sesiones, porque es un lujazo poder poner con volumen temas que te gustan.

Entonces, serían dos líneas de recomendaciones: por un lado, en el reggae, de manera muy genérica, yo recomendaría siempre a Bob Marley, aunque es un estereotipo, pero lo es por algo. Y el “Catch a Fire” me parece una manera muy legitima y muy cercana de entrar en el reggae. De hecho, el plan, para algunos maquiavélico, de Chris Blackwell el fundador de Island Records fue, entre comillas, hacer más accesible a las audiencias rock el reggae crudo jamaicano que se hacía en la isla a finales de los 60. Es más, el primer disco de Island de Bob Marley lo grabó en Jamaica pero se mezcló, se matizó y se suavizó, digamos, en Londres a manos de músicos blancos… Con la presencia de Marley, por supuesto. Así que, en general, Bob Marley me parece una manera estupenda de adentrarse en el reggae.

Luego, de los demás géneros que pincho… En el dub siempre recomiendo, porque soy muy fan, un disco de Scientists que se llama “Scientist Rids the Word of the Evil Curse of the Vampires”, y es una remezcla al estilo dub de temas de distintos artistas del año 79 u 80 más o menos, que se hizo muy popular en su día por una de las ediciones del videojuego GTA. Y se hizo bastante popular entre gente que no era muy aficionada al reggae. Para continuar… Más que discos, te voy a decir artistas porque, por ejemplo, en lovers soy muy fan de Gregory Isaacs, tiene muchísimos Lps… Cualquier “Grandes éxitos” suyo lo recomiendo vivamente. Y en roots, soy muy fan de Steel Pulse, que son ingleses de origen jamaicano, y que tienen una discografía apabullante y un directo impresionante. Todavía están en activo, pude verlos hace dos años y siguen en forma… Sé que son recomendaciones muy genéricas, pero si alguien quiere entrar en el mundo del reggae, con estos discos puede hacerlo de cabeza.

Buscando en internet, he encontrado que hay un artista jamaicano que se hace llamar Ras Zion. Compartís nombre. ¿No te ha llegado ninguna queja para que lo cambies? ¿De dónde viene este nombre artístico?

Zion es la “Tierra prometida” en la terminología rasta, es África. Pues fíjate, no sabía que había un Ras Zion… El que use ese nombre para las pinchadas tiene una historia detrás: cuando tenía 16 años me fui a trabajar un verano a la estación de autobuses de Villablino, un pueblo de León. Creo que fue el verano del 82. Y resulta que allí había muchísima población de Cabo Verde, inmigrantes negros en general y rastas en particular, y claro, yo me quedé flipado con ellos. Había un grupo que había venido de Cabo Verde para hacer unos conciertos y yo me hice muy amigo de ellos. Eran conciertos flipantes de varias horas, con las salas llenas de gente propia de Cabo Verde… Para mí era como Disneyland. Uno de los músicos me dijo que tenía que tener un nombre rasta, porque Pepe era un nombre católico y, sobre la marcha, con todo el cachondeo, me “bautizó” como Ras Zion.

Después del verano,  volví a casa de mis padres y le dije a mi madre que a partir de ese momento me llamara Ras Zion, y me dijo “hijo, tú lo que eres es idiota” (ríe). Pero quedó el cachondeo y empecé a usarlo hace años, aunque con distancia, claro, que yo de rasta tengo poco… ¡Por no tener no tengo ni pelo!

Foto: David Linde

Hace un tiempo salió un artículo en el que se decía que la gente deja de escuchar música nueva a partir de los 33 años. Tú que ya has pasado esa frontera… ¿confirmas o desmientes?

Yo estoy todo el día escuchando mucha música. Más en casa, porque no llevo en los dispositivos móviles. Quizás es imposible escuchar mucha música nueva de manera exhaustiva, pero estoy pendiente, y sí hay cosas que me interesan. Voy a muchos conciertos, y no solo de reggae: cualquier género me puede interesar. Pero en reggae, casi de una manera deliberada, sí que me he quedado casi estancado, entre comillas. Compro discos muy de vez en cuando. Últimamente, tenía la manía de comprar un disco cada vez que pinchaba: un vinilo de segunda mano, sobre todo en la web de Discogs… pero discos de artistas nuevos de reggae no estoy tan pendiente. Además, yo es que más que de Lp, soy de coger una canción y estar con ella un par de días en plan psicópata escuchándola sin parar.

Para que veas, mañana voy a ver a Beyoncé, y ya será la tercera vez que la vea; y pasado mañana a Seu Jorge, que también es un concierto que me apetece muchísimo. Brasileño, samba, funky… Estoy super abierto. No escucho tanta música “nueva”, pero soy muy permeable.

A colación de esto, lo mismo hablas de Range Against The Machine, que escribes un libro de los Hombres G, que pinchas Bob Marley, y vas a un concierto de Beyoncé. ¿Cómo encajan todas estas piezas musicales tan dispares?

Pues porque me gusta la música, no te sé decir otra cosa. También me interesa muchísimo el trap, el hip hop. La playlist que tengo en mi cabeza, porque no la tengo físicamente hecha, es aparentemente muy caótica pero, como me gusta tanto la música, y de una manera muy visceral… solo puedo defenderme por ahí.

Has visto dos veces a los Clash, has visto a Bowie, a los Madness, a Police… ¿Qué banda o artista (aún vivo) todavía no has visto y se ha convertido en una espinita a sacar?

Ufff (se lo piensa), alguien que esté en activo… AC DC, por decir un macroconcierto… Iron Maiden también me habrían gustado. Me encanta ir a conciertos. Más a salas que otra cosa, pero claro, hay grupos que solo puedes ver en macroconcierto. En Madrid me gusta mucho ir a la Wurli, como sitio pequeño y de puro rock’n’ roll. Hace poco fui allí a ver a un grupo que no conocía de nada, y me encantaron: los Delta Bombers, y además poderlos ver en formato pequeño me parece un lujo.

En el programa sobre los 90 de ilustres, comentabas que para ti esa década había empezado el 3 de noviembre del 92, cuando Range Against… publicó su primer largo. ¿Con qué otros discos arrancan las décadas vividas por Pepe Colubi?

(Ríe) La verdad es que no lo tengo pensado, y mañana podría decirte otros discos totalmente distintos, pero por decir un disco solo de cada década que he vivido…  De los 60, me vienen a la cabeza los Beach Boys en general, y el “Pet Sounds” en particular, aunque sea muy típico. De los primeros 70, el “Close to the Edge” de Yes y, de la última mitad, te diría los Clash, así en general. Fíjate, los primeros dos CDs que compré en mi vida fueron, precisamente, el “Close to the Edge” de Yes y el “London Calling” de los Clash (Ríe). Es historia. Es pasar del rock sinfónico al punk en un suspiro.

En los 80, me apetece ahora poner a los Smiths porque qué te voy a decir…; me quedaría con el “Hatful of Hollow”. La copia que tengo yo la compré en Portugal, y es un disco que me acompañó muchísimo. De los 90 voy a mantener el que dije en Ilustres, me voy a agarrar a él porque fue una hostia en la cara. Y de los 2000… ahí me pillas… Venga, voy a decir Beyoncé. Beyoncé en general. Es una artista que creo que representa muchas cosas, y muy buenas, de cuando este business se convierte en algo tan gigante.

En octubre, La 2 estrena el programa “La hora musa”, ¿qué te parece que vuelva la música en directo a la televisión pública?

¿Qué me va a parecer? Quitando los Conciertos de Radio 3, la música en directo era una ausencia gigantesca. Una televisión pública tiene que hacer precisamente eso. Este programa da como referencia a Jools Holland, que tiene un programa genial con una producción impresionante, y con ese cuidado y ese mimo… Pues lo único que puedo decir es que ya tardaban.

Es una laguna muy dolorosa, ya no solo en la tele pública, que es su “debe”, sino en todas las generalistas. Hubo intentos en su día, y de alguna manera no funcionan en cuanto audiencia, pero es una pena que algo tan audiovisual como es la música pop no tenga más presencia. Entonces, bienvenido sea este nuevo programa que anuncian.

Y tú que has trabajado mucho hablando de televisión y te consideras un gran melómano, ¿qué opinión te despierta este fenómeno loco que se ha creado con Operación Triunfo?

Yo tengo una relación de indiferencia-odio con OT. En su día, el primer Operación Triunfo coincidió con la crisis de la industria y con cómo se desvió la atención hacia los ‘talent show’. Con el primero, todo parecía novedoso, pero escondía una desviación intrínseca que luego se vio con la segunda edición. En ella la idea era sacar un single rápido y, si se vendía una cantidad determinada de copias, grabar un Lp.

No es que esto no sucediera antes. La culpa no la tiene OT, pero creo que magnificó una tendencia que había de “desinterés”, y lo voy a decir así, por parte del público hacia la música pop. Yo recuerdo, a finales de los 90, conciertos que notabas que merecían más gente; con un público potencial, mayoritariamente universitario, que no acudía a conciertos de rock. No a los macro, sino a pequeño formato. Luego, coincidió esa especie de desinterés con una cuestión de orientación del público masivo hacia un tipo de pop, el calificado como “pop latino”, que es una cuestión que a mí me hierve la sangre. Entonces no hay que echar la culpa a OT, porque ellos simplemente aprovecharon una ola que les vino muy bien.

Respecto a esta última edición, tengo que decir que es un programa válido, pero no es estrictamente un programa de música. Tiene otro tipo de interés y valores que se van por otros derroteros que no están estrictamente relacionados con la música. En su caso, la música es la excusa para hablar, tratar y vender otro tipo de ideas o sentimientos, pero la música es mucho más. Al final OT es un ejemplo de que algo ha fallado en la relación entre público y rock.

No es un secreto que Movistar se ha convertido en el cuartel general de los referentes del humor actual. Vosotros con Ilustres, los chicos de La Vida Moderna (no es movistar, pero ellos sí), La Resistencia, Late Motiv… os habéis convertido en objeto de fenómeno fan, con vuestros espectáculos haciendo sold out siempre. ¿Está viviendo España una época dorada para el humor?

Yo creo que estadísticamente hay más donde escoger. Antes había, quizás, un prototipo de humor más heterogéneo en el que destacaban nombres puntuales que siguen siendo referencia. Y aquí me refiero, por ejemplo, a Faimino y Cansado, que llevan 30 años siendo números uno en España y es fascinante cómo siguen siendo pura actualidad. Es verdad que se han consolidado esos primeros cómicos o monologuistas que surgieron en España a finales de los 90, y luego han dado ese salto a un mainstream que sigue siendo un poco underground y casi indie.

Y el ejemplo de Broncano es maravilloso: lo que se ha creado con “La vida moderna” en radio y también en espectáculo… E Ignatius, yo creo que es a quien más he visto en directo y es de los que más admiro. Creo que pocos tienen tanto compromiso con el humor como Ignatius. Es un compromiso radical. Ese pasar de cero a cien que hace en cada bolo, ya sea ante 20 personas, como hace unos años, o ante 2.000 o 3.000, es fascinante. Y es un éxito y una repercusión merecidos. Es verdad que ahora parece que hay una muy buena época, y que Cero de Movistar es como la “gran reserva” de ese tipo de humor: está Ilustres, LocoMundo, WifiLeaks, Late Motiv… Creo que estamos viviendo un momento especial de difusión del humor, que en su día se circunscribía más a lo que era Paramount Comedy y aledaños, pero ahora se ha abierto también, aunque sea una cadena de pago.

Muchas de tus bromas, si nos quedamos en la superficie, a priori, podrían parecer machistas. Sin embargo, echando un vistazo a tu Twitter para preparar la entrevista, veo que has compartido varios extractos del libro “Teoría King Kong” de Virginie Despentes, y también te has pronunciado sobre la sentencia de la Manada y muchos comentarios al respecto. ¿Cómo conviven ahí personaje y autor?

Pues a ver (se lo piensa). El sexo es fundamental. Es decir, me mandaron una vez un tuit que puso una chica que decía algo así como “A las feministas también nos gusta follar”, que es algo que muchas veces se deja de lado, sobre todo por machirulos. Entonces se confunde el tocino con la velocidad. Los chistes o reflexiones o juegos de palabras sobre sexo se pueden y se deben hacer. Yo siempre digo que dentro de cualquier persona cabal hay un cerdo o una cerda, y está bien que sea así. El sexo sucio es el que se hace bien. Entonces no está reñida una cosa con la otra: puedes denunciar o señalar actitudes machirulas y, de igual manera, acatar la excelencias de cualquier actividad sexual.

También dije una vez que la prueba de que las cosas están muy mal es que el sexo consentido no sea un pleonasmo. El consentimiento, desgraciadamente, no se puede dar por hecho, pero es la forma natural. Entender y comprender el consentimiento y, a partir de ahí, ser libre en la perversión. Como te decía al principio, yo estoy tranquilo y no tengo ningún tipo de conflicto en expresar los dos pensamientos. El feminismo es la gran revolución pendiente y el sexo sigue siendo un tabú. Esa combinación es interesante de conjugar y de hacerlo mirar.

Para finalizar, terminada ahora la última temporada de Ilustres, ¿qué planes siguen? Leía por ahí que había proyecto de llevar a cabo una adaptación cinematográfica de “California 83” o una tercera parte, ¿podría ser?

Lo de hacer una tercera parte está muy parado. No he llegado a escribir siquiera una idea en una servilleta. Sí tenía como intención hacer otro libro… pero todo muy vago e indeterminado Sería muy aventurado decir “Sí, para dentro de una año”. Por otra parte, la adaptación de California es un viejo proyecto que lleva unos años por ahí rulando. Hay un director interesado pero, como siempre, falta la financiación.

Sobre el autor:

Periodista cultural, melómana, a ratos copy y a otros diseñadora gráfica.
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