Entrevista a Emmanuel Lafont – El niño patata

Entrevista por Daniel Toré

Emmanuel Lafont aparece puntual rompiendo un estereotipo de artista. Los amigos le llaman cariñosamente “Patata”, podría tener cierto aire. Algunas canas delatan la treintena, aunque la cabeza rapada y la cresta oscura que divide su cabeza, hace difícil encasillarlo. Tiene cierto acento que no oculta, pero difumina como un artista. Nadie diría que es de Buenos Aires. El calor le hace remangarse, sus dibujos le mordieron un brazo y tiene unos tatuajes a modo de cicatriz. Habla con soltura, su vida es una ilustración que disfruta explicando.

¿Que tipo de trabajo haces?

Hago de todo. Tengo varias vías. Una es seguir desarrollando la faceta de artista, con las exposiciones y proyectos personales. Y otra, más de trabajo, como el diseño de carteles, portadas de CD’s, portadas de libros, ilustraciones para revistas, murales por encargo…lo que es más comercial. Y una tercera vía, la que abrimos ahora con Villa Patata Factory.

¿Qué es Villa Patata Factory?

Es el nombre que le hemos dado a nuestro piso y al proyecto en el que estoy trabajando con Pedro Okña, que también es artista. El objetivo es conectar gente de diferentes disciplinas: teatro, música, vídeo, graffiti, escritores, hay de todo. Villa Patata nació porque estábamos viendo, como artistas, que en Málaga había una necesidad de espacios alternativos, tanto para hacer teatro, como para hacer música o exposiciones. Dijimos: “Vamos a dejar de quejarnos y vamos a hacerlo por nuestra cuenta”.

Vais a comenzar a principios de año con la tercera temporada teatro en Villa Patata Factory. ¿Cómo empezó lo del teatro en vuestra casa?

Le propusimos a la gente de Bajotierra hacer algo, vieron la casa y dijeron: “Sí, sí…vamos a hacer una obra de teatro expresamente para este salón, aforo máximo 10 personas”. Habíamos cerrado cinco funciones, se nos fue de las manos, tuvimos que ampliar una fecha tras otra. Todo un exitazo y sin hacer publicidad. Hicimos dos temporadas y paramos para hacer reformas, es nuestra casa. Ahora se lo hemos propuesto a la compañía de teatro La Caldera y, por respeto a la gente y para no hacer una obra basada en el mismo espacio, decidimos hacer reformas y cambiar.

¿De dónde sale el nombre de Villa Patata?

Lo de Villa Patata es porque mis amigos cariñosamente me llaman “Patata”. Cuando vienen a casa dicen: “Nos vamos a Villa Patata”,”Vamos a hacer algo en Villa Patata”. Además, como es el centro neurálgico donde nacen muchos proyectos, a la hora de ponerle un nombre y en plan cachondeo, dijimos: “Esto es como la Factoría de Warhol pero versión Málaga”. Al final la casa se quedó como “Villa Patata Factory”, nombre que ahora queremos explotar.

También tienes una serie de ilustraciones que se llaman los “Niños Patata”, ¿no?

Claro, lo de los Niños Patata viene también a raíz de eso. Fue un homenaje que hice a mis raíces. Con eso de que a mí me llaman “Patata” y que estaba trabajando en un tema de la infancia, bautice a todos los niños como Niños Patata.

¿Cómo se conecta la gente en Villa Patata?

Antes y después de las actuaciones se hacen pequeños conciertos acústicos, mini exposiciones o un recital de poesía. Después de la obra se sirven cafés, cervezas o lo que encarta, según la hora, y la gente puede hablar con las actrices o con el director. A partir de esto, al conocer gente empiezas a contactar para hacer trabajos, para festivales…

¿Qué está sucediendo ahora con el Arte?

Yo creo que en todo esto hay algo clave y pienso que todos nos estamos dando cuenta que está pasando. Las vías para sacar el arte, para comunicar algo de manera artística, han cambiado. El tema de las galerías, el mecenas o el centro de arte contemporáneo siguen existiendo, pero como espacios blindados a la gente que sigue teniendo esa necesidad de hacer cosas y mostrarlas. Ahora la idea es sacar el arte a la calle. Ya no es sólo llevar el arte a la gente que le interese, ¿por qué tiene que ser tan elitista? Consideramos que el arte es un derecho de todo el mundo y el poder consumirlo tiene que estar al alcance de cualquiera. Los habrá que no quieran consumirlo porque no les interesa, perfecto, pero que ese límite lo ponga el consumidor y no la falta de espacios.

¿Crees que España funcionaría de otra manera si todos fuéramos un poco más “Niños Patata”?

Me parecería muy pedante decir que las cosas funcionarían mejor. Me conformaría con que los organismos oficiales no pusieran tantas pegas a la hora de hacer arte para todo el mundo. Lo que hacemos nosotros no es nada nuevo y no quiero ponernos una medalla que no es real. Esto que está pasando es algo que ha sucedido en otras ciudades. Además, nosotros no somos los únicos que estamos haciendo algo para que el tema de la Cultura aquí en Málaga funcione.

¿En que os diferenciáis de otros grupos que promueven la Cultura en Málaga?

La única premisa que manejamos es la de no llevar un discurso político, ni siquiera social, sino uno cultural, de cultura libre. Nosotros no nos casamos con nadie. Yo voy por libre, hago mis movidas y quien quiera apuntarse, bienvenido sea. Queremos ser muy primarios, hacer cosas relacionadas con el arte y conocer mucha gente. ¿Para qué vas aderezarle más cosas?

¿Cómo es el trabajo del artista?

Yo no me lo tomo como un trabajo. Hay mucho esfuerzo, eso sí. Quieres que las cosas salgan bien. Pero es algo innato, todo lo ves desde el prisma del artista. Pasa por un filtro. Por ejemplo, esta sensación de 2012 de que el mundo se va acabar. Hasta eso pasa por ese filtro, y me doy cuenta que gran parte de las ilustraciones que estoy haciendo ahora se basan en la sensación de que realmente se va a acabar.

Trabajo con sensaciones que pueden ser negativas, porque las positivas las disfruto

En tus trabajos podemos ver monstruos, niños deformes, fantasías surrealistas, sexo, todo en un tono muy ácido. ¿Cómo describirías tu obra y a ti como artista?

Soy un “animalico” (ríe) Supongo que lo que me mueve son cuestiones básicas, muy infantiles. También el sexo como algo primario, el tema de la vida y la muerte, los miedos, las pesadillas, traumas, la sensación de soledad…Lo que es verdad es que trabajo con sensaciones que pueden ser negativas, porque las positivas las disfruto. Las negativas necesito entenderlas y, para entenderlas, tengo que trabajar con ellas. Esto no quiere decir que al final termine haciéndolo. Es otra manera de ver, por ejemplo, el sexo o el paso del tiempo, que es algo que ahora me esta afectando mucho. Ver que pasa el tiempo y muy rápido.

¿Piensas en las sensaciones que puedes provocar?

Te mentiría si te dijera que no pienso en las sensaciones que van a provocar. En el fondo sabes que lo que estas haciendo va a salir, lo va a ver gente y, por lo tanto, sabes que vas a provocar una reacción. Sería un hipócrita si te dijera que no pienso en eso; lo he dudado, porque a la hora de enfrentarte al folio en blanco, sobre todo en las primeras ilustraciones, las ideas nacen como de la nada; pero cuando vas por la cuarta hecha, te das cuenta que hay un hilo conductor, un tema. Cuando soy consciente de ello, pienso en cómo lo voy a presentar y cómo se lo va a tomar la persona.

¿De dónde sale todo? ¿Qué te inspira?

Las cosas que no me dejan dormir son las que más me inspiran. La gente me pregunta muchas veces: “¿En qué pensabas cuando hiciste esto? A veces no estoy pensando en nada, otras veces sí. Cuando entro en la dinámica de no parar de pensar en cosas de arte, gracias a dios, ya  no me tengo que enfrentar al: “¡Hostia ya no sé qué decir!” No lo tengo que forzar. Es salir a la calle, ver una peli, coger un libro, una canción, el telediario… no sé, me inspiran tantas cosas. Generalmente tengo que currar con música. Me gusta mucho trabajar solo, me cuesta estar rodeado de gente. (Se queda callado un momento pensando, para generar tensión y sonríe al final) A mí, lo que realmente me inspira es el wáter.

Lo que realmente me inspira es el wáter

¿El wáter es tu lugar de inspiración?

Es verdad, lo juro por mi madre. La mayor cantidad de ideas que he tenido se me ocurren ahí. Al wáter le tengo mucho cariño; incluso la última exposición está montada en un wáter, la de los Niños Patata. Es un momento muy íntimo, muy personal. El wáter, ese momento en que te encierras. Tú y tu mierda, nunca mejor dicho. Será porque comparto piso, pero sabes que una vez que te encierras, ahí no va a entrar nadie. Muchas veces, cuando estoy agobiado, me he dado cuenta que me voy al wáter aunque no tenga ganas de ir. Me puedo tirar horas, ahí dentro.

¿Cuantas ideas no llegan al papel?

La mayoría no salen, no se quedan ni en un “burruño” en el suelo. Para trabajar tengo básicamente dos momentos. Uno es el proceso creativo, cuando se empieza a gestar  una idea, un tema y empiezo a imaginar como lo voy a hacer. Pero te diría que un 70% no se llegan a hacer, se quedan en la papelera de reciclaje de la cabeza. Piensas: “Qué mierda que sólo un 30% llegue a materializarse”. Pero cuando dejas volar la imaginación te das cuenta que muchas ideas no pueden llevarse a cabo porque no hay dinero,  espacio, etc.

¿Crees que existe un cielo, un paraíso para las ideas que mueren antes de tiempo?

Ojalá exista. Que todo eso quede en algún lado. Sí, me gustaría que existiera. Me parece una idea muy romántica. 

Cuéntanos alguna de esas ideas que no han visto la luz

Siempre he pensado que me gustaría hacer un muelle de las artes en Málaga. El río es otra cosa que me tiene atacado, porque está súper desperdiciado. Siempre que paso por ahí me imagino cosas.

Tal como está tu vida ahora, ¿qué es lo que te da más miedo?

La muerte. Sobre todo por el hecho de que es algo de lo que nadie puede escapar.

Algo sobre lo que no pueda tener control, ya es algo que me asusta. La vida, por muy puñetera que pueda parecer, me gusta, la disfruto, por más que haya veces que no tenga fuerza, me gusta vivir y aprender. Lo que me da miedo de la muerte es mi parte más mundana: no querer perder todo lo que he conseguido hasta ahora. También imaginarme que le pase algo a mi pareja; prefiero mil veces que me pase a mí.

¿Quién te apoya en los momentos bajos?

Ahora mi pareja es la que más me apoya. Mis padres también, siempre me han apoyado. Gracias a dios, y espero no equivocarme, siempre me he rodeado de gente muy apañada.

¿Te irías a vivir a Madrid?

Iría para trabajar, para una inauguración… pero no me iría de Málaga, me gusta vivir aquí. Me gustaría tener mucho dinero y decir: “Tengo un piso en Madrid, uno en Berlín y otro en París”, pero no es el caso. Si tuviera que irme a cualquier sitio, siempre y cuando sea para trabajar en algo de arte, no tendría problema.

Imagínate que te dicen: ¡Mamá quiero ser artista!

Le daría unas palmaditas en la espalda, yo encantado. Si tuviese hijos, que no lo creo, y quieren ser artistas de puta madre. Pero que sean consecuentes. ¿Qué voy a decir, sea mi hijo o no, si alguien me pregunta, si yo estoy encantado con la vida que llevo? Es muy puñetera, sí, no es como cualquier otro trabajo que cumples tus horas. Es un curro en el que estás poniendo siempre de tu parte, es muy visceral, muy personal. Hay momentos en los que pierdes los límites entre tu trabajo y tu vida personal, es todo lo mismo y eso cansa muchísimo. Hay momentos en los piensas que no quieres seguir trabajando en esto, porque te agobias. Es currar, currar, colaborar, colaborar y no ver dinero. Y si encima tienes mala suerte y das con gente que te putea…Hay mucho petardeo, no sólo tienes que vender tu arte, sino tu imagen como artista y yo esa parte la llevo muy mal. A mi no me interesa inventarme un personaje de mí mismo.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Ahora estamos con la reestructuración del piso de Villa Patata Factory para la nueva temporada de teatro con la gente de La Caldera. Tengo otro proyecto con Kipfer & Lover,  con quien vamos a sacar una edición limitada de productos de uso doméstico con ilustraciones de mi colección Amor animal.

http://www.emmanuellafont.com/

 

 

Sobre el autor:

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