.18 Festival de Málaga – Un ejemplo de cómo NO entrevistar a Jonás Trueba
abril 27, 2015  /  Por:   /  cine/series, entrevistas  /  No Comment

Estoy bien aquí, esperando junto a la barandilla, fingiendo que no tengo vértigo. Jonás Trueba llega a la terraza del hotel y necesita tiempo para adaptar sus pupilas a la luz del mediodía. Le ofrecen un café misericordioso, y lo acepta sin dudar. Tiene toda una mañana de entrevistas por delante: soy la primera en iniciar la sesión de tortura. Diez minutos, me dicen. Y comprendo que el encuentro con Jonás será como un interrogatorio policial y articulado, si no hago lo que me dé la gana. Así que comienzo a tirar por la borda mi carrera de periodismo y muestro mis dotes implacables de oratoria: “Pues, tengo una amiga que te conoce, y cuando supo que trentre, tenter, trente, buah, jeje, entrevistaría, me dijo que le gustaría verte”. Son las 11.45 y Jonás Trueba aún no sabe que su película ha ganado una Biznaga de plata y dos premios especiales en el 18 Festival de Málaga. Esa noche volvería a celebrarlo con su equipo, sus amigos. Lo que convierte mi proposición en lo que realmente era: un disparate irrisorio cuyo objetivo era buscar algo de complicidad. He gastado un minuto. Y gastaré también el minuto siguiente. Saco de mi mochila el dossier de prensa de ‘Los exiliados románticos’, un mapa desplegable, tesoro de coleccionistas: “Me he traído esto, porque me gustaría que me lo firmaras para un amigo”. Tal petición me resta por lo menos 13 años. Asumo que parezco una adolescente. “Ah, es bonito, ¿verdad?, ¿te gustó?”, dice, y coge el mapa y lo abre, y lo mira, y lo vuelve a plegar. “¿Cómo se llama tu amigo?”. Jonás se queda pensativo, y tras unos segundos comienza a diseñar una dedicatoria en la que deja su sello de cineasta independiente: traza palabras en aquellos márgenes del papel donde apenas queda aire, y serpentea una frase sobre las montañas impresas en la ilustración. “He dejado en blanco todo el espacio que supuestamente era perfecto para escribir”. Lo sé.

“Tú cuando quieras eh, yo me entretengo con esto”. Jonás sigue haciendo garabatos sobre las nubes. Han pasado cuatro minutos, y lanzo la primera pregunta.

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Más que un exilio, el viaje de esta película parece una peregrinación hacia lugares sagrados, o de referencia, ¿qué significa Francia para ti? ¿De dónde nace esa atracción?
La cultura francesa ha estado siempre simbólicamente alrededor de mi educación, y ha sido más cotidiana para mí que la española. En realidad es un país —y me pasa como con el cine—, con el que tengo un contacto muy cotidiano, que en realidad no he sacralizado nunca, precisamente porque me resultaba casi del día a día.

(El camarero trae el café, y lo deja con un golpe en la mesa. Jonás da las gracias).

Aunque el paisaje es francés y transcurre en Francia, en este caso la veo con el afán de retratar Europa. Me hubiera encantado seguir y cruzar a Suiza, o a Italia, o a Rusia, pero eso hubiera sido muy caro y habría alargado mucho el viaje. Y es cierto lo de la peregrinación, porque fuimos a sitios donde teníamos amigos que hicimos con proyecciones anteriores de ‘Los Ilusos’ y nos acogían. También ha habido una parte de cuestión práctica, de la intendencia: dónde comer, o dormir. Y nos gustan las películas unidas a eso.

Hay gente que te admira más allá de Madrid y Barcelona, que no pudo ver ‘Los ilusos’ por su distribución exclusiva… ¿‘Los Exiliados románticos’ llegará a un público más amplio?
Es que somos muy desastres, y ‘Los Ilusos’ como la distribuíamos nosotros —básicamente yo—, pues claro, un p*** desastre. Primero porque no eres un profesional, y muchas veces no tienes la fuerza ni la energía para hacerlo. En este caso, para esta película, nos hemos asociado con unos jóvenes distribuidores que me encantan, se llaman CineBinario, a quienes conocí precisamente mientras yo despotricaba contra la distribución nacional imperante. Cuando digo que son distribuidores románticos es porque realmente hablas con ellos de películas, y no solo de copias y dinero. Quizás CineBinario también nos ayude a distribuir el DVD de ‘Los Ilusos’, aunque nosotros también teníamos la idea de ofrecer la película a través de la web, hecha a mano, a quien la pida, y enviarla por correo. En algún momento lo haremos.

¿Qué es “Fullear” exactamente? ¿Puede considerarse una filosofía?
Hay un personaje en la película que es un americano instalado en París, llamado Jim Heins, que abre su casa a la gente. Lo conocimos, y entre otras cosas descubrí unos escritos en los que hablaba de Buckminster Fuller y esta teoría suya del trabajo. Trata de darle la vuelta a la concepción del trabajo entendido solo como el esfuerzo, de algo que no te gusta, y verlo desde un punto de vista relacionado con el placer. Y en realidad es una teoría más de él que mía, pero me gusta que en la película puedan entrar ideas que no defiendo yo en particular.

¿La creación de los Ilusos Films nace de esa necesidad de disfrutar del trabajo y “fullear” por encima de todo?
Sí, la verdad es que ‘Los Ilusos’ nos trajo muchas cosas importantes, y también nos hizo ver a Javier Lafuente y a mí —la persona que siempre me ayuda en la producción—, que necesitábamos crear, aunque fuera algo muy pequeño, nuestro propio mecanismo de funcionamiento. Es bonito tener una pequeña productora, con la que en principio no aspiramos más que a poder trabajar como nos gusta, intentando no quedarnos en la burbuja. Muchas veces en el cine se crean guetos, lugares en los que se supone que tienes que estar y dónde no. Nosotros tratamos de no perder nuestra manera de hacer las cosas, ganar viabilidad para que el trabajo se vea, y nos permita seguir y probar cosas distintas. La productora es como una esperanza bonita de que incluso algún día los Ilusos pudiéramos producir películas que no fuesen dirigidas por mí.

Tus personajes siempre encuentran en la literatura un país seguro al que poder volar, ¿dónde sueles exiliarte más, en los libros, en las películas o en la música?
En las tres cosas bastante. Es verdad que de alguna forma cuando piensas en una película, en un libro o en la música, son lugares en los que te instalas a vivir, donde te puedes encontrar a resguardo cuando te sientes mal. Y la verdad es que cada vez empiezo a pensar más en el cine de esa forma, en películas como lugares, como espacios a habitar, más que en historias. El libro ‘Las pequeñas virtudes’, de Natalia Ginzburg, que toma tanta presencia en ‘Los exiliados Románticos’, es un libro en el que me gustaría vivir y que he leído muchas veces. Cuando lo regalo es una apuesta segura, siento en cierta forma que estoy haciendo una buena obra.

Se han cumplido mis diez minutos, y llevo cinco de prórroga. “Me hubiera encantado seguir, y cruzar a Suiza, o Italia, o Rusia”, pero no hay más tiempo ni presupuesto para esta pequeña producción. Jonás Trueba pone la fecha en la dedicatoria para mi amigo: Sábado 25 de abril 2015. Se disculpa y me ofrece terminar la entrevista en otro momento. Llego a casa y decido que no, es mejor así. Quizás en el próximo viaje.

 

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Sobre el autor:

Licenciada en aquello, actualmente estudiando lo otro. I speak a little English. Amor al arte.
@lauracarneros

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